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Debido a que en el Trastorno de Conducta hay múltiples factores determinantes, la intervención terapéutica combinará e integrará intervenciones dirigidas tanto al usuario y a la familia, como en la comunidad. Los programas de entrenamiento y escuela de padres, la terapia multisistémica, el entrenamiento en resolución de problemas, las intervenciones psicopedagógicas, los recursos comunitarios psicoeducativos y el tratamiento farmacológico, forman parte de la metodología que utilizaremos para diseñar los planes terapéuticos de cada caso.

Cada usuario contará con un Plan Terapéutico Individualizado de acuerdo a sus necesidades e intereses, estructurando su intervención psicosocial en un programa global e integrador (menor-familia-comunidad). De manera que se trata de una intervención interdisciplinar en la que se vinculan los aprendizajes específicos de cada uno de los programas con el resto de conocimientos que el menor va adquiriendo en cada uno ellos y que tiene como objetivos principales ayudar al menor a:

  • Comprender las consecuencias sociales de su comportamiento desajustado y planear otras acciones para solucionar el problema.
  • Desarrollar habilidades de interacción social más apropiadas.
  • Aplicar estrategias de autoevaluación.

El proceso de intervención que se establezca en cada caso, combinará:

  • Entrevistas periódicas con el menor y la familia, así como con los agentes sociales implicados.
  • Pruebas estandarizadas de personalidad.
  • Programas de modificación de conducta y de entrenamiento en habilidades sociales, control de impulsos, de desarrollo social y afectivo,…
  • Talleres de intervención psicopedagógica (educación en valores, ocio y tiempo libre, drogodependencia, inserción socio laboral, etc.)
  • Terapias de grupo (menor-menor, familia-familia, familia-menor).
  • Escuela de padres activa.
  • Observación directa en el ámbito familiar.

El proceso de cada menor tendrá un seguimiento continuo a través de reuniones periódicas en las que un equipo multidisciplinar formado por profesionales en las áreas de la psicología, la neuropsiquiatría, la pedagogía y del trabajo social evaluará la consecución gradual de los distintos objetivos y la adherencia del menor al programa de intervención.

  • Desarrollar e implantar un programa específico de atención integral para menores con graves trastornos de comportamiento en régimen ambulatorio.
  • Servir como elemento de apoyo a la red Sanitaria, Educativa y de Servicios Sociales, con el objetivo de garantizar la continuidad asistencial y de cuidados de niños, niñas y adolescentes y, de esta manera, mejorar su salud y bienestar.
  • Mejorar la calidad de vida de los menores con trastornos de conducta y sus familias, así como favorecer su proceso de recuperación e inclusión social.

Desde el Instituto Psicopedagógico "Dulce Nombre de María" hemos creado un centro de atención global (terapéutica, educativa, social y médica) en régimen ambulatorio sobre el modelo de comunidades terapéuticas, al que tanto las familias, como el Sistema Público Sanitario, Educativo y de Servicios Sociales puedan derivar a aquellos menores con trastornos de conducta más graves y para los cuales no este indicado ninguno de los recursos actualmente disponibles, sirviendo como elemento de apoyo a familias e instituciones, interviniendo con el menor, la familia y la comunidad, con el objetivo de garantizar la continuidad asistencial en un contexto integrador y normalizado.

Además, el programa contará, en horario escolar, con un de aula de apoyo a las familias para aquellos menores que hayan sido expulsados de sus centros escolares durante un determinado periodo de tiempo y sus familias no puedan por diferentes causas o motivos (trabajo, viajes, etc.) prestarles la atención y cuidados necesarios.

El programa detectará las especiales necesidades de atención social, psicológica, sanitaria y/o pedagógica que puedan presentar los menores, garantizando una respuesta adecuada a las mismas, tanto desde los recursos propios del centro, como desde el aprovechamiento o movilización de otros recursos externos, siempre desde el criterio de la tendencia a la normalización.

Bajo el concepto comportamiento antisocial se engloban problemas diversos como: la agresión; la crueldad y la violencia hacia otras personas, animales o cosas; la agresión sexual; las conductas pirómanas; el absentismo escolar; el robo ejercido sobre propiedades y personas; etc. Estos problemas, que suelen comenzar a presentarse en la etapa de la infancia y la adolescencia, que requieren la atención de la sociedad y que podrían tener un carácter transitorio, pueden llegar a convertirse en problemas estables o crónicos en la edad adulta, e incluso ser la base de otros problemas o condiciones patológicas no destinadas en principio a alcanzar el grado de conducta antisocial.

El incremento de este tipo de conductas viene derivado por los cambios experimentados en la sociedad en los últimos años (fomento de un modelo de vida individualista, influencia de las redes sociales y los medios de comunicación, nuevo modelo de familia,…), que están produciendo consecuencias preocupantes en cuanto al comportamiento de niños y adolescentes.

Los menores con trastorno de conducta se han convertido actualmente en un grave problema social, ya que las consecuencias de su comportamiento trascienden a las propias familias para recaer también sobre el vecindario, la escuela, el sistema sanitario o, incluso, los tribunales de justicia. Aunque para la mayoría de estos menores las intervenciones comunitarias y familiares constituyen la respuesta indicada, persiste un grupo de menores que no se ajustan a estos supuestos de intervención y que requieren una atención global (psicológica, médica, educativa y social), que aúne y coordine los distintos dispositivos existentes en un contexto de convivencia cotidiana, es decir, un recurso a modo de consulta para la prevención, diagnóstico, tratamiento y evaluación de este tipo de trastornos.